¿Cómo podemos entender la crisis como una oportunidad?

6 07 2012

Crisis (del latín crisis, a su vez del griego κρίσις) es una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución; especialmente, la crisis de una estructura. Los cambios críticos, aunque previsibles, tienen siempre algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o grado de profundidad, pues si no serían meras reacciones automáticas como las físico-químicas. Si los cambios son profundos, súbitos y violentos, y sobre todo traen consecuencias trascendentales, van más allá de una crisis y se pueden denominar revolución.

¿Cómo es posible que se permita el deterioro de algo que es de necesario diariamente como son los derechos? ¿Qué se hace cuando una pastilla de jabón se ensucia?

Creo que uno de los debates que merece la pena tener es cómo introducir una mirada alternativa a la crisis desde una perspectiva de colectivización de las responsabilidades y los cuidados, teniendo en cuenta que tenemos cuerpos vulnerables y somos interdependientes y ecodependientes. Por el momento, la responsabilidad de mantener la vida está feminizada, privatizada dentro de los hogares e invisibilizada, pues no se otorgan responsabilidades sociales. Otro debate a tener sería cuál es el tipo de vida que podemos llamar “el buen vivir” o qué hace una vida significativa. Desde diferentes ópticas, como el decrecimiento por ejemplo, se plantea la idea de unir, de convertir en una amalgama, deseos y necesidades, lo que Amaia Pérez Orozco (en “De vidas vivibles y producción imposible”, 2012) y otras llaman las “desecidades”. Se trata de entender que existen mecanismos de movilización del deseo que se dedican a prometer la felicidad a cambio del consumo de determinados productos o ideales. Y que se trata de un eclipse de la narratividad, pues como en los relatos audiovisuales posmodernos, en lugar de contársenos una historia que empieza, tiene un desarrollo y acaba, quedamos inmersos en una espiral angustiosa de deseos insatisfechos e inconstantemente prometidos. Se trataría de tener en cuenta que deberíamos poder cubrir las necesidades relacionales, afectivas y emocionales sin apoyarlas en el consumo material. Quitando así recursos a la lógica de acumulación del capital, por medio de por ejemplo liberar tiempo de vida sin ponerlo al servicio del mercado, espacio físico urbano y rural, recursos económicos… Y poner en marcha instrumentos ya existentes como las reformas fiscales progresivas, aplicar impuestos a las transacciones financieras, la expropiación de viviendas vacías o la reducción de la jornada laboral.

Por otro lado, podría reivindicarse la idea de “economía”, que es cómo gestionamos nuestras vidas y concepto que tratan de alejar de la vida cotidiana y de la “política”, entendida como la toma de decisiones colectivas. La bolsa se plantea como algo similar a unas fuerzas incomprensibles, como leyes divinas, que no podemos controlar y que únicamente una serie de expertos nos pueden trasladar, dándonos los designios divinos ante los cuales todo el mundo se tiene que plegar. Y muy al contrario, estas estructuras deberían servir para la mejora de las condiciones de vida digna día a día, y si no nos están ayudando a ello es porque habría que reajustar esas estructuras, y no nuestras vidas. Además habría que redefinir “lo común”, como punto de partida, como punto a construir y lugar de llegada, que no es algo autoevidente en una realidad parcelada, donde los derechos tienden a estar cada vez más focalizados. A este respecto, gracias a la crisis y a movimientos surgidos paralelos a esta, han surgido movimientos de autogestión y empoderamiento en todos los ámbitos. Respuestas que actúan como paraguas de proyectos autónomos mediante un mapeo exhaustivo que permite la conexión e intercambio entre proyectos, productores… como por ejemplo los encuentros de consumo local y cooperativismo que tienden a constituir una estructura dinámica y facilitadora.

Podríamos tomar al pueblo islandés como una lección de democracia para resto del mundo por haberle plantando cara al sistema político y financiero internacional, cuestión que ha sido silenciada.

Resumiendo la historia podríamos decir que, siempre por medios pacíficos, han conseguido:

  • Que se nacionalice la banca, lo cual ocasionó que la bolsa suspendiera su actividad y se consideró el país en bancarrota, en 2008.

  • Que un gobierno dimita en bloque, por medio de las protestas ciudadanas ante el parlamento. Ese mismo año, 2009, salió una ley que obligaba a las familias a pagar la deuda a Gran Bretaña y Holanda durante los próximos quince años al 5’5 % de interés, pero la población se echó a la calle pidiendo una consulta popular.

  • Referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, el presidente se negó a ratificar la ley y en el Referéndum arrasó el “no al pago de la deuda” con un 93% de los votos.

  • Encarcelar responsables de la crisis, el gobierno investigó para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis por lo que detuvieron a barios banqueros y altos directivos y otros abandonaron el país por una orden dictada por la Interpol.

  • Reescribir la constitución por parte de los ciudadanos, a través de la elección de 25 ciudadanos sin afiliación política para la asamblea constitucional que comenzó su trabajo en febrero del 2011, recogiendo las lecciones aprendidas de la crisis y las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas celebradas por todo el país.

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