El decrecimiento como alternativa

16 05 2012

 

Se discute mucho sobre si es imaginable un proyecto de decrecimiento dentro del capitalismo. Lo que está claro es que es necesario un cambio de modelo para mejorar nuestra calidad de vida y la conservación del medio ambiente; un modelo sostenible y responsable que permita satisfacer nuestras necesidades y que garantice el futuro a las generaciones venideras.

La globalización ha transformado la realidad del mundo en un mercado. Para el actual sistema, representado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), dicho sea de paso, tres instituciones financieras que están fuera del control político democrático, no somos seres humanos, sino meros instrumentos productores/consumidores de bienes materiales permanentemente en competencia. El crecimiento desmesurado es sólo un objetivo político que sirve a los intereses de las minorías dominantes y ha propiciado un modo de vida esclavo donde lo único que nos importa es trabajar para conseguir dinero y gastar.  Debido al estilo de vida derrochador y despilfarrador estamos provocando, por un lado, la escasez de recursos y el encarecimiento de las materias primas y, por otro, un desequilibrio ecológico que ha acelerado el cambio climático, cuyos efectos están provocando cascadas de destrucción que potencian conflictos sociales y políticos derivados del riesgo del hambre, la sequía, las inundaciones, las migraciones forzosas y las enfermedades extenuantes como la malaria.

Por éstas y otras razones, es necesario un proyecto de redistribución radical de los recursos. La idea de resolver los problemas a través de una mayor eficiencia en el uso de los recursos, sin reducir el consumo y el crecimiento, es una crasa equivocación. Por eso hay que buscar alternativas. Nuestro nivel de vida aumenta a la par que decrece nuestra calidad de vida y para vivir en armonía con el medio y con nosotros mismos debemos tratar de limitar las necesidades. No se trata de vivir peor, sino de manera diferente; de actuar de otra forma a lo que nos han vendido por activa y por pasiva. Hay que consumir, trabajar y gastar menos, e intentar autoproducir. Con estas prácticas reduciríamos el sobreconsumo, pero sobre todo la depredación y el despilfarro. Latouche, un reconocido decrecentista francés, en su libro La apuesta por el decrecimiento: ¿cómo salir del imaginario dominante? (2009), ocho “r” forman una sociedad de decrecimiento serena: reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, redistribuir, relocalizar, reutilizar, reducir y reciclar. Hay que recuperar la vida local frente a la lógica desbocada de la globalización. Debemos llevar a la práctica lo que algunos llaman glocalización, algo así como pensar globalmente y actuar localmente, porque la cercanía hace que seamos más solidarios.

Actualmente se están extinguiendo especies 100 ó 1.000 veces más rápido de lo que lo harían de forma natural si no interviniéramos nosotros. Ni cuando los meteoritos asolaron la tierra hubo una tasa tan alta como la que estamos provocando ahora. Somos una especie como otra cualquiera y debemos procurar vivir en una naturaleza sana y mejorar la calidad de vida de todos los que vivimos en ella. Hoy día sabemos y somos conscientes del daño que causamos al medio ambiente y, por tanto, a nosotros mismos, lo que nos obliga a tener una cierta responsabilidad.

En definitiva, el decrecimiento es el abandono del objetivo del crecimiento por el crecimiento, cuyas consecuencias son desastrosas para las personas y el medio ambiente.  Cabe resaltar también que es muy importante no confundir decrecimiento con desarrollo sostenible. Estos últimos son dos conceptos totalmente opuestos, porque desarrollo en sí implica crecimiento, y es justo eso lo que estamos evitando. El crecimiento no es sostenible porque vivimos en un mundo con recursos limitados. ¿Es posible un decrecimiento sin salir del capitalismo? Sí. De hecho se pueden observar numerosos movimientos decrecentistas como por ejemplo el Slow Food o el movimiento Slow City, entre otros.

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