Radio Comunitaria

13 10 2010

Desde ASAD seguimos esperando con ilusión que nos aprueben el proyecto para la Radio Comunitaria de Ratanakiri. Mientras tanto os pasamos un enlace de una noticia sobre los beneficios de esta radio en las comunidades indígenas de Ratanakiri porque creemos que el acceso a la información es un derecho: http://www.phnompenhpost.com/index.php/2010101243931/Lifestyle/solar-powered-speech.html





Genocidio Jemeres Rojos

6 10 2010

Camboya parece empezar a incluir en la educación información sobre el genocidio que acabó con la cuarta parte de población entre 1975 y 1979. Desde ASAD apoyamos la educación como medio para evitar que se repitan tan crudos capítulos en la historia de un país.

http://periodismohumano.com/sociedad/memoria/camboya-digiere-el-genocidio-en-las-escuelas.html





De vuelta

4 10 2010

Hace más de una semana que llegué a Granada y no consigo quitarme la gama de tonalidades de verde, desde el más claro al más intenso, de los campos de arroz. No conocía prácticamente nada de este país cuando llegué y quizá la mayoría de los occidentales solo haya oído hablar de los templos de Angkor y algunos datos estremecedores sobre el Pol Pot. Pues bien, después de tres meses conozco un poquito más sobre este país, la sonrisa amable de la gente, la voz de los niños, sus pies, ensanchados de caminar descalzos, su piel oscura que a ellos no les gusta pero a mí me parecía muy bonita, su nariz achatada, sus pómulos prominentes y sus ojos almendrados. También conozco algo sobre el sufrimiento de sus padres y de sus abuelos durante la ola de exterminio a manos de los jemeres rojos. Un sufrimiento que todavía se puede leer en los ojos de muchos de ellos, en los miembros amputados de las víctimas de las minas y en los niños de la calle. Le deseo lo mejor a este país, Camboya, un país en el centro del sureste asiático al que no han dejado levantar cabeza en las últimas décadas, oprimido y explotado por sus vecinos, por EE.UU. y por sus propios habitantes, lo cuales convirtieron los campos de arroz en campos de exterminio donde la gente cultivaba el arroz cuya carencia les mataba de hambre. Le deseo lo mejor a este país, que intenta sacar la cabeza poco a poco, como un niño que empieza a leer y a escribir porque se trata de un país que hace poco empezó a leer y a escribir de nuevo. Lo mejor para esa generación de jóvenes que trabaja trece horas al día y todavía saca tiempo para estudiar además de guardar algo de energía para recibirte cada mañana con una sonrisa.